Una postal desde el futuro

Esa postal que ves no es decoración ni merch random. Es una prueba física. Un artefacto del tiempo. Viene de Gubrick, provincia de Lehpka, en Draag, un país que no existe… salvo en el escenario y en la cabeza de quienes crecimos con The Black Parade.

El 25 de enero de 2026, en Lima, fuimos al concierto de My Chemical Romance. No a “verlos algún día”. Fuimos de verdad. Estuvimos ahí. Cerca. Cantando todas las canciones de The Black Parade. Sin pantallas de YouTube. Sin imaginación. En vivo.
Durante esta gira, MCR convirtió los conciertos en algo más que música: Draag es el mundo donde el desfile sigue avanzando. El hospital, el régimen, la estética militar, las transmisiones, los símbolos… todo en el escenario cuenta que la historia no terminó en el 2006. Solo maduró, igual que nosotros.

Y ahí estábamos. Veinte años después de escuchar el disco por primera vez. Veinte años después de pensar “algún día”.

Ese día llegó.

Cantamos “Welcome to the Black Parade” como si el tiempo no hubiera pasado. Cantamos “Famous Last Words” sabiendo exactamente lo que significan ahora. Y por un par de horas, todo encajó.

Así que tranquilo.
Sigue escuchando el disco en tu cuarto.
Sigue soñando con verlos en vivo.
Sigue creyendo que la música puede salvarte un poco.

Esta postal es la evidencia.
Fuimos.
Cantamos.
Estuvimos vivos.
Y fuimos profundamente felices ese día.

La calma de una tormenta interior

No quiero verla.
¿Quise que me vea?

Yo miraba al mar,
como quien busca respuestas
en el oleaje de lo incierto.

Ella cruzó su mirada,
como si el viento la empujara
directo hacia mí.

Abrió los ojos
con la calma de una tormenta por venir.
Fijó su mirada en mí,
como si ya supiera algo
que yo aún no entiendo.

Yo estaba mirando al mar.
Pero el mar se difuminó.
Se volvió un espejo.
Y en él, estaban sus ojos.